Todos los perros van al cielo

La acción de fotografiar mascotas representa el deseo, potenciado por la fotografía como medio técnico, de capturar un momento preciso para el recuerdo. El cliché de la foto amateur de tomar fotos al perro, al gato, al hámster, podría ser una voluntad de cristalizar la experiencia de convivencia con animales domésticos, como una suerte de expropiación, donde el retratado deviene a medio camino entre un ser querido y un objeto personal. Descontextualizo estos registros de los álbumes familiares del ámbito doméstico y de las experiencias compartidas con ese “otro” ser querido para ubicarlas en otro circuito: el del espacio público. Convoco mediante una cadena de e-mails a que me envíen imágenes de sus mascotas, con 3 datos: Nombre del animal, año de nacimiento, año de fallecimiento. En cada mail recibido viene adosada una historia, una anécdota, experiencias que me proponen compartir, conocer, involucrarme con esas fotografías, con la historia del animal y de su amo. Realizo un archivo de imágenes con el fin de "domesticar el recuerdo". Todo se va concretando en una organización seriada de estos registros, de esta convocatoria que se van convirtiendo en el recurso idóneo para clasificar, categorizar, administrar y "domesticar" la intención de inmortalizar, en un epitafio fotográfico, a esas queridas mascotas. Una invitación a indagar en la memoria emocional.Una invitación a indagar en el recuerdo del Panza, el Nerón, la Meche, el Toby... Afirmando que sí. Que todos los perros van al cielo.
(2009-2011)

[ENG]

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